Siempre que son las diez y poco a Elena se le empieza a inquietar el culo en la silla y hace ruiditos y muecas para ver si nos empieza a entrar hambre. Como no podía ser enterita perfecta, ella tiene un cable roto que le hace desayunar antes de entrar a trabajar, le genera un agujero en el estómago sesenta minutos después, y puede hablar infinitamente de croquetas de salmón o ensaladilla rusa a la hora mortal de la 13:45...sin engordar un mísero gramo, ni siquiera, como castigo por la segregación de saliva con la que nos tortura.
Como si de un ritual ancestral se tratase, dan las diez y media y con un par de llamadas o una peregrinación a los despachos oportunos organiza en un "plisplás" los turnos para el desayuno.
Me encanta, siempre hace la misma pregunta: -¿que? te apetece salir ahora o un poquito más tarde...que a mi me da igual, eh?- Lo dice con esa carita tan tierna y poniendo ojitos de...-mira que como me dejes con estos retortijones de estómago te paso el resto de las llamadas del día de proveedores-...como para decirle que tu primera ingesta de nutrientes del día puede esperar. A mi me gusta ir con ella, así que la dejo hacer, deshacer y enredar, que al final me apunto a la hora que diga.
Elena es transparente, no puede evitar sacarte una sonrisa. Aunque se lo propusiera pondría tal cara de estreñida, intentando imitar a seria, que al final tendría que darse por vencida. Reyes es mucho peor, tiene más peligro, porque aun pareciendo seria, ha cometido el error de dejarnos conocerla de cerca y ya no nos lo tragamos.
Da igual el tema del día, inundaciones fortuitas de cuartos de baño, anillos de bajos vuelos, cortinas, que hacer con los soles de cajasol, phffff...perdón, vestidos de boda...O lo chungo que sea el día de trabajo, que siempre sale la balanza en positivo.
Lo peor de mi trabajo es el trabajo, y mira que me gusta, pero es que lo mejor, sin duda son ellas. Ele, Reyes, Sonia, Nati, Montse, Lola, Nieves, Carmen...Tengo días en los que me río tanto que me siento culpable por no pagar, yo, por quedarme a trabajar. Solo algunos, maticemos.
He pasado unos semanas de las de no encontrarte, y de las de que si te encuentras prefieres perderte de nuevo. Y he tardado en encontrar el golpecito de realidad me saca del atontamiento normalmente. Quiero pasar un rato con mi hermana que ha tenido unos días feos, quiero abrazarte (idiota) que has tenido unas semanas de hacerme olvidar que te quiero. Quiero querer un millón de cosas.
Ayer, mientras volvía de uno de esos divertidos desayunos, una compañera murió atropellada por UN TRAILER. No la conocía, o por lo menos eso creo, pero estoy segura de que tenia unos desayunos como los míos, sus compañeros, sus risas y sus planes de volver a casa o de hacer un cambio inesperado en su vida, ir de vacaciones, tomar una decisión sin meditar consecuencias, decir te quiero a alguien, o lo siento, saltar desde un puente... No es por ponerme en plan existencialista, pero si va a atropellarme un camión de no-se-cuantas toneladas a lo mejor habría preferido saltar al vacío (jodete mundooooooo) y saber que se siente. No quiero ni imaginar lo que puede ser descolgar un teléfono y escuchar que tu hija/madre/novia... no va a volver porque un trailer le ha pasado por encima como si no fuese nada. Al final es lo que queda, nada. Se pasa a ser persona de mediana edad atropellada. Un trailer ¿No había nada mas pequeño o blandito? es surrealista.
Chic@s, como otras muchas veces se ha dicho, disfrutad el momento y preocuparos por lo que realmente valga la pena. Para absurdeces, ya esta la vida.
jueves, 29 de mayo de 2008
Hoy no me viene bien que me atropelle un Trailer, gracias.
lunes, 12 de mayo de 2008
Una o dos veces al día
Los lloriqueos de mi blog se escuchan desde una distancia bastante considerable. Por lo menos una o dos veces al día encuentro algo sobre lo que me gustaría escribir, dos o tres veces al día me gustaría dejar de hacer algo aburrido y dedicarle un ratito, y tres o cuatro veces, pienso en la facilidad innata que tengo para buscar algo mejor que hacer cuando lo que toca es centrarse, por ejemplo, en un interminable proyecto de master.
Forjose (ja,ja…) esa facilidad innata desde las épocas de exámenes de instituto, en mi caso esa "época" se traducía en la semana de antes, y si me apuras, el día de antes del susodicho examen. Esa, justo, era la semana fantástica de LA PULCRITUD y EL ORDEN. Podía vivir todo el año en el caos más absoluto, que llegaba mayo y tenia ordenado mi armario por colores, la cara más exfoliada que Audrey, las fotos del corcho por grado de simpatía hacia los retratados, los hilos de hacer pulseras bien enrolladitos en su cajita…y mil planes para hacer en cualquier sitio a más de un kilómetro de distancia de la mesa de mi reluciente cuarto.
En estos momentos, los departamentos de marketing de los negocios más absurdos tenían un filón de oro en mi:
o Curso de yo-yo en pista cubierta; a mi me parecía la ilusión de mi vida, un futuro profesional digno y seguramente sería la última edición sobre superficie terrestre.
o Inscripción al 50% en el gimnasio más lejano de tu casa; ufff…era una oportunidad ineludible ¡con lo que me apetecía a mi ir en horario de siete menos cuarto de la mañana! y la falta que me hacia para que no se me borrara la raya del culo de estar mil horas sentada delante de un libro…
Curioso, por tanto, el comportamiento humano que diez años después emplea las mismas estrategias de despiste. Intento hacerme la mayor, tengo mil compromisos, una avalancha de trabajo, el mercadona entrará en suspensión de pagos si no voy a por unos yogures de cereales justo esta tarde… e incluso creo que debería sacarme el carnet de moto de 250cc…peeeeeero, todos los síntomas apuntan a un terrible pánico escénico y ganas 0 de acabar ese dichoso master del universo.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Polen
Sí, tengo los ojos irritados, hinchados de habérmelos frotado compulsivamente. Ya se que no debía hacerlo, pero intenta tú no ponerle queso a todo!
Odio ese picor de nariz, me revienta no poder decidir cuando quiero estornudar, pero la cosa nunca está muy clara respecto al momento exacto del acontecimiento. Todo puede ser que comience una conversación y me quede a medias para espurrear con un "achuussS" el resto de la frase. También esta la opción, todo sea dicho, de que en uno de estos me estalle la cabeza a modo olla a presión.
He llegado a pensar en un complot farmacéutico a gran escala, como aquel que contaban sobre los cultivos masivos de piojos. Fabulillas en las que las multinacionales casi los regalaban en las puertas de los colegios para vender más peinecitos antiliendres y potingue de ese avinagrado. Ya me imagino a Heidi o a la de la casa de la pradera, recogiendo toneladas extras de cultivo clandestino de gramíneas para revenderlo en el mercado negro. Sentadas en una mesa, muy dignas ellas con su delantalito ordeñaovejas, negociando con los magnates del "alivio sintomático de la alergia mucosa u ocular" a un lado, y de "pañuelos de un solo uso" al otro.
Negocio del mes: invirtamos en mocos.
martes, 22 de abril de 2008
Sabores raros
Ayer, leyendo unos comentarios del último post sobre caracoles, tierra mojada, lombrices y bichos-bola quise ponerme de nuevo el "babi" de mi guardería Bambi y buscar en recreo cualquier inocente insecto, babosa o familiar que machucar junto con una cuidadosa selección de hojas de arbusto común de zona ajardinada de residencial (sólo sabíamos de sus extraordinarias propiedades unos pocos iluminados shhhhhh...) dando origen a una receta mágica que te hacia volar o cualquier otra barrabasada.
Siempre he tenido cierta habilidad para romperme las paletas o para manipular y convencer a algún desgraciado para que se untase la cara con el mejunje mencionado a cambio de conferirle los ansiados poderes y el justo reconocimiento de superhéroe. No era tan difícil. Prueba de fuego, era ya, conseguir que la elaborada fórmula formase parte de nuestra nutrida merienda.
Realmente, es curiosa la nula percepción del asco de entonces. Supongo que llegado el momento, el estómago dijo un día "hasta aquí" y empecé a mirar con ojitos pestañeantes otro tipo de delicatessen.
¿Por qué me daría a mi por espachurrar todo? Unos gusanitos no se saboreaban en todo su esplendor si no eran previamente pisoteados en la bolsa por una manada de mamuts y chupándote el dedo para ir degustando las mijillas de maíz que se te quedaban pegadas en el.
Un ejemplar de bollicao, alimento ilegal y prohibidísimo por el régimen mamitiano, era recibido con tanta expectación que el ritual de ingesta era elaborado, requería estrujarlo y aplastarlo con la palma de la mano hasta que el chocolate acabase saliendo por los extremos. Podrán decirme como comerme un percebe…¿pero un bollicao? ¡Nunca! ;)
Las chucherías con pica-pica eran el éxtasis. Y los petazetas acaparaban todas las leyendas urbanas de 10km a la redonda.
He de decir que en este desorden alimenticio también colaboraba mi nunca-suficientemente-piropeada-madre y, hasta el día de hoy, perduran secuelas graves y deliciosas como las comer lentejas con yogur. Como suena, utilizando artimañas engañosas y conociendo mi debilidad absoluta por queso/lácteos y derivados, agazapaba cucharadas de puré de lentejas bajo mi postre preferido, yogur natural, frío y azucarado.
Verme ahora en la tesitura de pedir yogur "modo capricho" cuando se tercian unas lentejas en la mesa, tiene tela! Siempre queda bien lo de ...es la mezcla de texturas, contraste frío-calor, un univeeerso de sensaciones!
lunes, 21 de abril de 2008
La lluvia como invitada
Por una acera de empedrado antigua el agua tiende a formar pequeños surcos irregulares. Serpenteos de escalofríos y reflejos líquidos se escurren entre los pies. Goteras y tejas rotas alteran el ritmo de caída del agua convirtiendo en una verdadera prueba de agilidad no empaparte o no saltar un ojo a alguien de un paraguazo.
Caminando por la parte menos desgastada, o haciendo equilibrio por el bordillo, se ralentiza el efecto esponja de unos vaqueros a los que negué un dobladillo de rigor, pero siempre hay algún amable conductor que está dispuesto a rachear para hacer un trasvase generoso rodilla arriba.
Las canaletas agrietadas, llenas de polvo y hojas secas, se atascan desbordándose con la inesperada lluvia y los pequeños balcones repletos de geranios se convierten en minúsculos embalses que preparan bromas-sorpresa al que inútilmente busca resguardo.
Aparecen las prisas por llegar a casa, a alguna parte, por dispersarse. El bullicio acostumbrado del centro de la ciudad cede ante el silencio y el eco de pasos que se alejan. Calles desnudas, no es día de escaparates de tiendas, no toca estar en las terrazas de los bares y cafeterías, ni pasear sin conocer muy bien el rumbo.
Personas sin ojos, paraguas con pies. El agua cala y golpea sobre los charcos.
Tras la estampida, esquivando esos charcos, hay quienes no regresan a ninguna parte, su mundo gira al mismo ritmo de siempre. Quietos, inmóviles. Llaman casa, al escalón de la puerta trasera de un cine. Salón, a un bordillo de supermercado. Cocina, a un soportal de una oficina bancaria. Como baño, un parque.
Entonces no hay gran diferencia entre días soleados o lluviosos. No importan el frío o unas cuantas gotas de agua. Al contrario, la lluvia puede ser una gran invitada si limpia de su salón las visitas incómodas que lo recorren sin apenas percatarse de que ellos están sentados, allí mismo, en su escalón. Estúpidas visitas con miradas sin brillo y ajenas, incapaces de reconocer la tristeza y soledad que tienen hueco entre ese escalón, una chaqueta descosida y unos cartones. Ciegas a fantasmas transparentes sin nombre, mobiliario urbano.
No es tan raro que llueva en abril, lo raro es tener una enfermedad grave en la vista y el corazón y no buscar remedio.
Llueve y la tierra lo agradece. Llueve, huele a limpio. Llueve, el mundo parece expiar sus pecados de polución y cemento haciendo promesas de un espectáculo de sol radiante y cielo azul nítido.
Pero no miramos con los ojos de ver. No latimos con el corazón de sentir.

