martes, 25 de noviembre de 2008

Proyecto H

19:30 Tengo el firme propósito de salir a correr, como todos los lunes, como después de un fin de semana de despiporre gastronómico y buena vida.

El silbidito que resuena en mi oido de "mañana empiezo" está bastante sobado ya y huele que apesta, así que visto mi poca fuerza de voluntad y mi atracción fatal por el sofá, calle, bares, fnac, o cualquier otra cosa que impida ponerme las zapatillas y salir a correr …voy a presionarme con el no defraudaros AQUÍ y AHORA , y que conste que me acabo de zampar un tazón de leche con galletas - vaya yo a desfallecer en el intento - y que ya se me esta pasando por la cabeza ir a la ferretería a por una bombilla que se fundió el otro día como excusa estupenda para escurrir mi hazaña deportiva , pero claro, ¡ni loca voy en chándal! …y además, ¿luego que hago con la bombilla? Porque lo de llevar un chándal gigante con bolsillos no es una opción y aunque así fuera, seguro que reventaría la pobre bombilla de un impulso incontrolado cuando me falte la respiración, que suele ser nada más empezar … Y además ¡que NO!, ya iré a por la bombilla cuando no pueda ni arrastrarme mañana. ¿Lo veis?, lo vuelvo a hacer, soy una lianta, me tomo el pelo a mi misma sin ningún pudor.

Os contaría lo difícil que es para una tía guapa y buenorra ja,ja …hacer ejercicio, cuando la naturaleza te doto de una imagen estupenda desde el amanecer de los días, y concienciarse de que los 30 están cerca y la felicidad de la tersura no es eterna y ¡habría que ir trabajándosela!...y cuando terminéis de abuchearme por creída e insolidaria con los genéticamente no dotados tendré que utilizar excusas del tipo "yo no lo pedí, nací así de estupenda" ja,ja… pero bajemos a la tierra, no es una mala digestión ja,ja…esto empieza a ser "pancita".

19:50 Ipod cargado. Iniciando proyecto H. 36 p.p.m. (no ha sido fácil, primero me he asustado pensando q la iba a palmar por no tener pulsaciones, y una vez palpadas…36 ¿no son muuuuy pocas? Estoy podrida, voy a ello.). Ahora os cuento.



20:55 Conclusiones:

No he conseguido aguantar mas de 20 minutos reales. No me he encontrado ni las pulsaciones ni el aliento (así que la rigurosidad de mi proyecto se va al traste). Casi echo el hígado, que le daba la H a al título, por la boca ;).

Toda esa gente que suele correr o hacer deporte cuando tu estas de cañas hoy se ha quedado en su casa al lado de la estufita. He corrido más por acojone que por propia motivación.

Operación H completada. Que consiga repetirlo mañana es otra cosa.

¿Tendrán la bombilla reflectante de casquillo pequeño en la ferretería? ;)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Sopas con limón

Coloca con tanto cuidado cada tuerca en su botecito que parece que estuviesen vivas. Los tornillos de punta fina van en el tarro de la tapa blanca, las argollas y las puntillas no van en cualquier lugar. Lento pero preciso. Si no es en uno de los botes de cristal, van en alguna cajita de las de plástico. Sus manos angulosas y pálidas, llenas de experiencia, parecían desenvolverse tan bien entre sus cosas como un químico en su laboratorio.

Manos ancianas pero firmes. Cada oveja con su pareja. Sacaba, uno a uno, cada tarrito hasta encontrar el que buscaba para colocarlo, como siempre, todo en su sitio. Todos los tarros se colocan por tamaño y contenido dentro de latas de galletas, latas de detergente antiguas, cajas de madera. Todo guardado con un cariño abrumador. Cariño para los tornillos, para los relojes de colgar con cadena, mecheros, botellas …todo eso ahora parece de colección, pero solo es lo que queda del cuidado que le tenía a todo. Siguen en la despensa su herramientas y en mi cabeza sus gestos.

Las cosas que cualquiera tiraría por dejadez, brillaban en sus manos como tesoros.

Las bombillas usadas, aunque no inservibles, las envolvía en papel - así no tintinean unas contra otras y se pueden usar cuando hagan falta- . Papel de periódicos usados o papel amarillento reciclado del que había en el almacén del tío Diego - ya no hacen papel como ese - por eso lo guardaba.

Colonia de un bote grande rectangular, con tapón de rosca y una letra como anagrama. A veces mezclo todo, me convierto en alquimista de momentos y olores y regreso a los juegos con mi nancy y el armario de madera que hizo, un triciclo, el campamento safari de los playmovil. Eso era Navidad.

Al salir de un supermercado ayer, en una escalera mecánica, unos pantalones grises de vestir con rebeca grandota me recordaron a él. Sopas hirviendo con gotitas de limón, soplaba de mentirijilla y sorbía cucharadas a temperaturas inaceptables para humanos. El no era humano, era extraordinario, era mi abuelo.

Mi abuelo se llamaba Sebastian, y no conoció Internet ;) Y a mi no me gusta el cordero ni paso nunca el coche de 3.000 revoluciones, como él decía.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Flores en el culo

Lo bueno de quererse mucho a uno mismo es que da igual que las cosas te vayan bien o mal, eso son sólo las circunstancias que te rodean. Para alcanzar esa admiración personal supongo que hay que pasar por un largo proceso de golpetazos con la realidad, darte de bruces con la humillación y considerarte superviviente de una hecatombe emocional. Pero una vez alcanzado este estatus debe ser como tener la felicidad en un frasquito y solo hay que saber administrarla correctamente.

Esta claro, que cuando las cosas van bien el arrechucho auto-amoroso es mil veces mas espontáneo y más intuitivo. En lenguaje sórdido vendría a ser como una masturbación de autoestima. Cada vez me doy más cuenta de lo poco que se necesita de todas esas cosas que la sociedad te vende como imprescindibles, "básicos de una vida completa y plena" (casualmente siempre relacionadas con acumular y llenar vacíos de frivolidad) y de lo mucho que cuentan los "esenciales de otoño de riqueza personal".

Ayer me pille sonriendo mientras leía el post de una personita estupenda que con un guiño de humor depositaba sus deseos en una galleta de la suerte. Nunca he tenido delante una galleta de esas, las he visto en alguna película. Algo tan inofensivo como un simple dulce puede darte que pensar. Suerte, ¿se busca o te encuentra? En mi caso, creo que nací con una flor en el culo, en muchos sentidos, y me tocará compensar más adelante. Pero si es verdad que hago por tirar los saleros en los desayunos – no adrede, soy patosísima -, camino bajo las escaleras por recortar distancias y más de una vez he dado un puntapié a un gato negro - admito que también a otras tonalidades de gato - para que mi perro se concentre en sus artes olisqueadoras y defecatorias. No rompo los espejos porque no esta el horno para bollos pero sí que eludo, con una sonrisa a medias, a las gitanas que intentan hacerte sentir guiri en tu ciudad y te venden el destino con una ramita de romero.

Con lo que no tengo muy claro si la suerte se busca, se compra, te encuentra o se transmite...quizás hasta te de esquinazo la muy puñetera, pero leí un libro hace tiempo que hablaba de la buena suerte y al fin y al cabo venia a decir que hay que provocarla, me gusta esta teoría ya que por lo menos interviene en algo tu actitud y no deja todo a vivir lo que te ha tocado, unas cartas de una vidente colocada o encontrar un escurridizo trébol de no sé cuantas hojas.

lunes, 20 de octubre de 2008

Por fin lunes

Existe un aletargamiento especial al regresar de unos días libres. Incluso aunque haya sido una miniescapada. Es posible que algún ser superior se entretenga pulsando un botoncito de retardo para que te sientas mas torpe de lo habitual, injustamente de vuelta al trabajo y en definitiva… en la parra más absoluta. Si además de la empanada mental, a todo esto se le suma un cuelgue pseudo-romántico como resultado de la escapada mencionada, posiblemente el parral se extenderá más de lo previsto y un batallón de mariposas imaginarias pueden revolotear alrededor, estamparse contra ti en cualquier momento y convertirte en la idiotez con patas de nuevo.

Pero es lunes, una semana después y la cosa empieza a encauzarse. Volví el miércoles pasado con la incipiente empanada revoloteadora en la maleta y se me cayo de golpe al suelo al entrar por la puerta de casa.

Casi me cargo a Sugus, soy la peor humana compañera de piso de conejos, para los que no tienen el honor de conocer a Sugus (fue bautizada antes de saber que era "ella" y sí, creo que me odia por ello) es una peluda coneja enana de imitación. Lo de enana, claramente, era más marketing de la tienda que realidad porque tiene el tamaño de un gato gordo (también me odia por hacer este comparativo reiteradamente).

Puede quedarse sola sin problema, se engancha a mordisquear su zanahoria, raciona su comida de forma excepcional hasta que mi regreso se hace efectivo …creo, incluso, que ni se alegra de verme de vuelta, si eso se alegra de ver que el bol de pienso se vuelve a llenar, se lo pasa bien a su bola. Pero en esta ocasión sí que lo ha hecho. Se me ocurrió dejarle la jaula abierta por eso de que pegara unos cuantos brincos en mi ausencia y por lo que se ve entre salto y salto cerro la jaula con comida y agua dentro. Creía que eso de estar en el escalón más bajo de la cadena alimenticia era lo que le hacia estar siempre alerta y salir pitando a la menor sensación de amenaza (ojala pudiera subir vídeo de Sugus en intento de salir escopetada sin éxito ninguno debido al que el mármol no es su medio natural, no tiene desperdicio) pero por lo que se ve, también desarrolla el instinto de buscarse la vida. Ha pasado cinco días comiendo tomates de un frutero y chiles de una plantita que tenia en la ventana de la cocina, digo tenía porque se ha comido hasta los rabillos del tallo. Si alguien, ya sea animal, bola de pelo o cosa consigue zamparse todos esos chiles sin agua y seguir teniendo papilas gustativas merece un reconocimiento.

Jop! Creo que van tomando fuerzas las teorías de que estaría mejor en la granja escuela. Y yo pensando en mi nube de mariposas. Soy lo peor.

Ayer domingo tuve sesión de remordimiento… y ante la imposibilidad de compensar nada me explayé con las rutinas domésticas de una buena ama de casa. Como si de un castigo/penitencia se tratara hice lentejas (¡Sí, lentejas!…la paella recibía demasiadas bromitas del tipo …x poco no echas a Sugus a la paellera) puse tres lavadoras, limpié, cambie todo el armario a temporada de invierno… y cuando me creía en paz con la madre naturaleza, me tumbe en el sofá con la satisfacción de quien sabe que lo jodido ya esta hecho y toca lo del 7º día, el descanso…¡A la mierda! Ja,ja…cayó una tromba de agua "justo, justo, justo" en el perímetro que delimitan los muros de mi azotea. Apuesto lo que queráis a que el alcance de la lluvia era mi calle y la de atrás como mucho.

Tengo el piso apocalíptico, con las puertas al estilo poltergeist con sabanas chorreando y calcetines en los pomos de las puertas. Como era de esperar, una vez montado el circo en casa salio el radiante sol sevillano.

Me rindo, que llegue el lunes.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Hero

La composición del aire no debe ser la adecuada, quizás CO2, monóxido de carbono... no sé si metano de más o nitrógeno de menos, ni siquiera tras la lluvia de un par de días parece volver a su transparencia adecuada. El vapor de agua fresco en la cara, en cambio, se agradece a través de la troposfera. Eso me pasa por volar tan a menudo, a lo bueno siempre te acostumbras. Volar siempre ha sido mi rareza preferida, no me deja más secuelas que ese liviano toque de ingravidez y libertad. En cambio, atravesar cosas , deja esa parte de esencia en mí de lo que traspaso, a la que todavía no me acostumbro. El amargo de la madera, la humedad del hormigón...según la dosificación del cemento o su porosidad. Sé que no es normal hacer un análisis molecular de todo lo que respiras, tocas, ves… pero cuando tus sentidos se desarrollan de manera tan atroz es divertido e inevitable disfrutar de estas anomalías.
Me pedí vivir en una viñeta de cómic y quise dibujarme, tuve que despertarme entre pesadillas para darme cuenta de lo real que era, pero no acierto a verme con una capa de invisibilidad o mallas supersónicas. Claro que eso sólo sería al caer la noche, o en callejones solitarios, así que todo podría ser. A no ser, que de repente me descubra como una superheroína de manga japonés, vestida de colegiala y gritando algún hechizo mientras el mundo se para, una nube de color gira a mi alrededor junto con mi flequillo rosa y una música hipnotizante lo envuelve todo. No, creo que mejor la capa y un antifaz chulo. Pero nunca se sabe, me descubro por días.

¿Debería combatir el crimen? ¿de verdad? porque tal vez está muy viciada ya la idea del bien y del mal ¿Debería elegir Nueva York para salvar al mundo?¿O todo esta tan corrupto que serviría cualquier punto del planeta al azar? Si, va a ser eso, pero esos callejones con escaleras de incendios tortuosas no se dan por aquí. Los suburbios de Manhattan o el Londres, de hace un par de décadas, serían el mejor escenario. Preferiría no tener que viajar en el tiempo, al final siempre me queda una punzante sensación en la cabeza, un amargo sabor de desorientación mezclado con ese tortuoso dolor de cabeza. Mi cabeza. Recuerdo cada detalle de mi vida, detalles de cualquier vida pasada, cada palabra que leo o pronuncio e incluso los idiomas de las ciudades que he visitado.

Esta memoria infinita, a veces, resulta una carga insoportable. Ansío la nada, el vacío, vaguear conscientemente, dejar la mente en blanco, no escuchar los pensamientos del tío de la barra del bar, ni pintar una escena futura o despertarme prediciendo dónde ocurrirá algo que nunca debería de ocurrir.

Quizás no nací para salvar el mundo, ni soy tan especial. Los quioscos plagados de coleccionables de septiembre se encargan de enterrar los cómics de las estanterías. Mejor "tu casa rústica mediterránea" que una buena aventura para tu imaginación. Quizás ya no es tiempo de héroes. Quizás el extraordinario es el que sobrevive a otro día mediocre sin más, con la incertidumbre del mañana. Puede ser, entonces, que el mundo deba salvarme a mí.